Poner el foco en las personas en la empresa familiar

En la vida de las empresas familiares aparecen, de forma inevitable, discrepancias y tensiones, especialmente a medida que crecen y pasan a nuevas generaciones. También hay momentos en los que la cohesión se debilita y otros en los que se pone a prueba el compromiso con el proyecto común.

Ante estas situaciones, es fácil caer en debates estériles sobre prioridades mal planteadas, como preguntarse: ¿qué es primero, la empresa o la familia?. Sin embargo, la experiencia muestra que el verdadero punto de partida son siempre las personas.

Cuando la convivencia entre familia y empresa funciona (o falla) no suele ser por haber elegido bien o mal entre ambas. Sucede por cómo se cuida, se escucha y se acompaña a las personas que forman parte del proyecto.

Desde mi experiencia, las empresas familiares no se rompen por estructuras de gobierno mal diseñadas, sino por personas que se sienten desatendidas, no escuchadas o mal acompañadas.

Personas antes que estructuras en la empresa familiar

Protocolos, consejos, normas y órganos de gobierno son necesarios. Ayudan a ordenar, a prevenir conflictos y a dar estabilidad. Pero por sí solos no garantizan nada.

Las decisiones las toman personas. Los conflictos los viven personas. Y la continuidad depende de la voluntad y la madurez de las personas implicadas.

Cuando se pone el foco exclusivamente en las estructuras y se descuida la dimensión humana, la empresa familiar pierde una de sus mayores fortalezas.

El error repetido es una decisión

En las empresas familiares es habitual convivir con pequeñas disfunciones que se van normalizando con el tiempo. Comentarios que se evitan, decisiones que se posponen, situaciones incómodas que “ya se resolverán”.

Pero conviene no engañarse: un error mantenido en el tiempo deja de ser un error y se convierte en una decisión.

Las personas tienen la capacidad y la responsabilidad de rectificar. No siempre es fácil, pero es necesario. La madurez en la empresa familiar no consiste en no equivocarse, sino en saber corregir a tiempo.

El consejo de familia: espacio para cuidar a las personas

Las emociones forman parte inevitable de la empresa familiar. Aparecen discrepancias, frustraciones, enfados o decepciones. Negarlo no ayuda; tomar acción, sí.

Lo importante es no improvisar la gestión emocional. La convivencia familia–empresa necesita rigor, método y lugares adecuados para abordar lo que cuesta decir. Aquí es donde el consejo de familia es de gran ayuda, porque no es solo un órgano de gobierno. Bien entendido, es un espacio de acompañamiento donde se pueden tratar temas complejos con serenidad y profesionalidad.

Un lugar para:

  • anticipar conflictos,
  • ordenar expectativas,
  • separar emociones de decisiones,
  • y ayudar a cada persona a encontrar su lugar, dentro o fuera de la empresa.

Cuando actúa con rigor y método, se convierte en uno de los mejores mecanismos de prevención y cuidado del capital humano y relacional de la empresa familiar.

Porque cuando se crean contextos de conversación serios y bien acompañados, las emociones dejan de ser un problema y se convierten en una fuente de información valiosa. Para lograrlo, es imprescindible desarrollar human skills como la escucha, la empatía y la comunicación honesta, especialmente relevantes en el liderazgo dentro de la empresa familiar.

Juzgar actuaciones, no personas

Este es uno de los principios más transformadores y a la vez más difíciles de aplicar. En situaciones de tensión, es fácil personalizar los conflictos. Cuando eso ocurre, el problema se enquista y la relación se deteriora.

Juzgar actuaciones permite corregir. Juzgar personas bloquea cualquier solución.

Separar a la persona de la decisión protege la dignidad individual y facilita encontrar salidas constructivas. Es una condición imprescindible para la paz familiar y la estabilidad de la empresa.

Una decisión estratégica a largo plazo

Las empresas familiares que perduran en el tiempo son aquellas que entienden que cuidar a las personas fortalece el proyecto empresarial. Porque cuando las personas están en paz, la familia encuentra su equilibrio y la empresa su estabilidad. Ese es el verdadero fundamento de la continuidad y del legado.

Por todo esto, poner el foco en las personas no es un gesto emocional, es una decisión estratégica para asegurar la continuidad, la armonía familiar y la sostenibilidad del proyecto empresarial.

Adaptación de un post publicado originalmente en el Blog de empresa familiar del IESE.

Imagen: Canva

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