Cuando el plan de sucesión existe… pero no se cumple
En muchas empresas familiares, el consejo de familia dedica tiempo y esfuerzo a acordar un plan de sucesión. Se definen etapas, se alinean expectativas entre predecesores y sucesores y, en teoría, todos saben qué debe ocurrir y cuándo.
Pero tener un plan no significa necesariamente que se esté ejecutando correctamente.
Con frecuencia, algunos miembros de la familia, a veces de forma consciente y otras sin darse cuenta, empiezan a actuar de una manera que no es coherente con lo que se había acordado. Son comportamientos que a veces parecen no tener mucha importancia, decisiones informales o intervenciones puntuales que, poco a poco, van desviando el proceso.
Cuando esto ocurre, el proceso de sucesión empieza a torcerse. Y las consecuencias pueden ser muy negativas tanto para la familia como para la empresa.
Desequilibrio entre los miembros familiares accionistas
El primer impacto suele producirse dentro de la propia familia propietaria. La estabilidad se resiente y aparecen tensiones que antes no existían. La confianza se debilita y algunas decisiones comienzan a percibirse como poco legítimas.
En este contexto, algunos familiares acaban asumiendo el papel de mediadores entre distintas posiciones. Muchas veces lo hacen sin haberlo buscado ni desearlo.
Cuando estas dinámicas se prolongan, pueden ser una amenaza para la unidad de la familia y el compromiso con el proyecto empresarial común, e incluso poner en peligro el legado familiar.
Interferencias que afectan a la gestión de la empresa
El segundo impacto aparece en la empresa. Las actuaciones que no respetan el plan de sucesión pueden distorsionar el trabajo del máximo ejecutivo y de su equipo directivo. Se crean canales de mando informales y aparecen mensajes contradictorios sobre quién decide realmente.
Esto genera confusión en el equipo directivo. Las prioridades dejan de estar claras y las decisiones empiezan a ralentizarse. En algunos casos, incluso pueden llegar a bloquearse.
Además, aparecen conflictos que no siempre se afrontan directamente, y a menudo se posponen o se enquistan. Y cuando esto ocurre, la confianza de los distintos stakeholders en el futuro de la empresa también puede verse afectada.
A partir de estas situaciones comienzan a aparecer ciertos comportamientos y actitudes, tanto en los predecesores como en los sucesores, que actúan como señales de alerta.
Reconocer estos síntomas a tiempo es clave para evitar que el proceso de sucesión se deteriore.
En el próximo post analizaremos algunos de los comportamientos más habituales desde la perspectiva del predecesor.
Adaptación de un post publicado originalmente en el Blog de empresa familiar del IESE.
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