La sucesión desde la perspectiva del predecesor
En los procesos de sucesión en la empresa familiar, una parte importante de las tensiones no se deben a decisiones formales, sino a comportamientos que aparecen de manera gradual durante la transición.
Muchos de estos comportamientos tienen su origen en la propia experiencia del predecesor. Durante años o incluso décadas, ha tomado las decisiones clave, ha liderado a los equipos y ha construido buena parte de la historia de la empresa. Dejar ese papel no es simplemente un cambio de funciones: también implica un cambio profundo en la propia identidad profesional y personal.
Por eso, cuando la sucesión no se gestiona con claridad, suelen aparecer algunas señales que conviene reconocer a tiempo, porque pueden poner en riesgo el proceso.
- El síndrome de la agenda vacía
En algunos casos, el relevo formal se produce, pero apenas se habla de qué hará el predecesor después. Nadie plantea con claridad cómo será su nueva etapa, qué proyectos personales o profesionales ocuparán su tiempo, o cuál será su nuevo papel fuera de la gestión diaria.
Cuando esto ocurre, la empresa sigue siendo el principal punto de referencia de su identidad. El resultado es que el predecesor quiere seguir muy presente en la organización, aunque ya no tenga responsabilidades ejecutivas.
Por eso aparece con frecuencia por la empresa, participa en conversaciones informales, opina sobre decisiones que ya ha delegado o se ofrece a ayudar en cuestiones operativas. A veces lo justifica con frases como: “si no paso por aquí, esto no funciona” o “aquí sigo siendo útil y en casa no tengo nada que hacer”.
- Presencia sin funciones claramente definidas
Otra situación frecuente es la presencia del predecesor en espacios de gestión sin que tenga un rol claro asignado, porque necesita seguir informado y saber qué pasa en la empresa.
Puede asistir a reuniones de dirección, mantener conversaciones directas con miembros del equipo o pedir información sobre temas operativos. No necesariamente da instrucciones, pero su presencia genera incertidumbre sobre quién tiene realmente la responsabilidad de decidir.
- Hipersensibilidad al no ser consultado
En algunos casos, el predecesor interpreta la autonomía del sucesor como una señal de ingratitud. Si no se le consultan determinadas decisiones, puede percibirlo como una falta de reconocimiento a su trayectoria.
Sin embargo, desde la perspectiva del proceso de sucesión, la capacidad del sucesor para tomar decisiones propias es precisamente una de las condiciones necesarias para consolidar su liderazgo.
- La nostalgia del pasado
También es bastante habitual que el predecesor mire al pasado con cierta idealización. Expresiones como “cuando yo estaba al frente las cosas funcionaban mejor” pueden aparecer en conversaciones informales o sobre decisiones actuales.
Este tipo de comparaciones, aunque se hagan sin mala intención, pueden debilitar la legitimidad del nuevo liderazgo.
- La confusión entre acompañar y dirigir
Acompañar al sucesor es una función valiosa en los procesos de transición. Sin embargo, acompañar no significa supervisar cada decisión ni intervenir constantemente en la gestión, y mucho menos corregir en público a los sucesores.
Cuando el predecesor se mantiene demasiado presente en la toma de decisiones, el sucesor puede tener dificultades para desarrollar su propio estilo de liderazgo y consolidar su autoridad ante la organización.
Reconocer estas situaciones y actuar para gestionarlas adecuadamente no implica cuestionar la trayectoria del predecesor ni su aportación a la empresa. Al contrario: comprender estos comportamientos ayuda a gestionar mejor una transición que, además de organizativa, también es profundamente personal.
En el próximo post abordaremos la otra cara del proceso de sucesión: la perspectiva del sucesor y los retos que surgen cuando debe consolidar su liderazgo.
Adaptación de un post publicado originalmente en el Blog de empresa familiar del IESE.
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