Cómo evitar que el proceso de sucesión se tuerza: recomendaciones prácticas

En artículos anteriores hemos analizado algunas de las señales que pueden aparecer durante un proceso de sucesión, tanto desde la perspectiva del predecesor como desde la del sucesor. Muchas de estas situaciones no surgen por mala intención, sino por la complejidad humana y organizativa que implica una transición de liderazgo en la empresa familiar.

Precisamente por eso, gestionar bien la sucesión requiere algo más que una decisión formal o un acuerdo familiar. Es necesario diseñar el proceso con claridad y acompañarlo de medidas prácticas que ayuden a evitar ambigüedades.

Estas son algunas de las claves que pueden contribuir a que la transición se desarrolle de forma más ordenada y constructiva.

  1. Diseñar la agenda del predecesor

Uno de los aspectos más importantes es definir con anterioridad cuál será la nueva ocupación del predecesor una vez deje la gestión operativa, que hará el día después.

Esto implica reflexionar sobre qué papel quiere desempeñar a partir del día después y qué actividades profesionales, sociales o personales ocuparán su tiempo. La transición será más saludable cuando el predecesor pueda construir una agenda propia que no dependa exclusivamente de la empresa.

  1. Definir con claridad el nuevo rol del predecesor

También es importante concretar qué papel tendrá el predecesor dentro de la empresa o del sistema de gobierno familiar: accionista, consejero, mentor del sucesor, representante institucional u otro rol que se considere adecuado. Y cuáles son los límites de esa nueva función.

Definir estos espacios de participación ayuda a evitar intervenciones informales que puedan generar confusión dentro de la organización. 

  1. Clarificar qué se delega y qué no

Un proceso de sucesión eficaz requiere especificar con claridad qué decisiones pasan a ser responsabilidad del sucesor y en cuáles ya no intervendrá el predecesor.

Del mismo modo, conviene acordar en qué reuniones o espacios de gestión participará o no el predecesor, para facilitar que el nuevo liderazgo pueda ejercerse plenamente.

  1. Comunicar el proceso a la organización

El equipo directivo y la organización necesitan entender con claridad cómo se está produciendo la transición.

Una comunicación explícita que respalde al sucesor y explique el nuevo reparto de responsabilidades contribuye a evitar ambigüedades y refuerza la legitimidad del nuevo liderazgo.

  1. Utilizar adecuadamente los órganos de gobierno

Las decisiones relevantes deben tomarse en los foros adecuados: junta de accionistas, consejo de administración o consejo de familia.

Cuando los asuntos se tratan en los espacios que corresponden y con la formalidad necesaria, se reducen las interferencias informales y se refuerza la calidad del gobierno de la empresa.

  1. Acompañar también el proceso personal del predecesor

La sucesión no es solo un proceso organizativo, también es un proceso personal para quien deja el liderazgo.

En muchos casos, el predecesor debe redefinir su identidad y su propósito más allá del rol que ha desempeñado durante años en la empresa. Acompañar este proceso con respeto y apoyo puede marcar una gran diferencia en el éxito de la transición.

En definitiva, el verdadero reto de la sucesión no es únicamente decidir quién será el próximo líder, sino gestionar adecuadamente el proceso para que la transición fortalezca tanto a la empresa como a la familia. Es importante no alargar demasiado este proceso y ser firmes en qué hay que hacer, quién debe hacerlo y cuándo.

Porque, en la empresa familiar, uno de los mayores logros del predecesor no es solo haber fundado la empresa, sino saber transmitirla a la siguiente generación. Y, a su vez, los sucesores han de comprender que la empresa no se hereda, se merece.

Adaptación de un post publicado originalmente en el Blog de empresa familiar del IESE.

Imagen: Canva

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *