Cuidar a la familia también es cuidar a la empresa
Las familias empresarias dedican mucho tiempo y esfuerzo a gestionar sus negocios, planificar el futuro, preparar el relevo generacional y garantizar la continuidad de sus empresas. Pero ¿dedican la misma atención a cuidar sus propias relaciones familiares?
A lo largo de mi experiencia acompañando a familias empresarias, he observado que aquellas que logran mantener su proyecto empresarial a través de las generaciones tienen algo en común: no dan por sentado que los vínculos familiares se mantendrán por sí solos. Saben que las relaciones también necesitan tiempo, atención y dedicación.
Porque cuidar a la familia no es únicamente una cuestión de afecto. Es también una responsabilidad compartida que contribuye a fortalecer el proyecto empresarial.
Las relaciones familiares también se cuidan
Cuando hablamos de cuidar a una empresa, pensamos en dedicarle recursos, tomar decisiones, anticipar riesgos y planificar su futuro. Sin embargo, no siempre aplicamos esa misma mirada a la familia empresaria.
Las relaciones familiares no se mantienen fuertes únicamente por compartir unos apellidos, una historia o un patrimonio. Necesitan cultivarse.
Las familias empresarias que consiguen mantener su cohesión a lo largo del tiempo suelen dedicar espacios y recursos a encontrarse, escucharse y acompañarse. Y no me refiero únicamente a las reuniones en las que se abordan cuestiones empresariales o patrimoniales, sino también a compartir tiempo de calidad como familia, sin que la empresa sea siempre el centro de la conversación.
Porque, antes que accionistas, consejeros o directivos, los miembros de la familia son personas, cada una con sus inquietudes, necesidades y expectativas.
Además, a medida que la familia crece y se incorporan nuevas generaciones, aparecen distintas maneras de entender la vida, la empresa y el futuro compartido. Reconocer y respetar esa diversidad es también una forma de cuidar a la familia.
Cuidar no significa evitar los desacuerdos
En ocasiones podemos confundir una familia unida con una familia en la que todos están de acuerdo, pero la cohesión familiar no exige unanimidad.
Es natural que, dentro de una familia empresaria, existan opiniones distintas sobre el negocio, el patrimonio, el papel de cada miembro o las decisiones que afectan al futuro. Lo importante no es evitar esas diferencias, sino aprender a gestionarlas desde el respeto y la confianza.
Cuidar las relaciones familiares también significa crear espacios donde sea posible hablar con sinceridad, escuchar puntos de vista diferentes y abordar conversaciones difíciles sin poner en riesgo los vínculos personales.
El afecto no debería impedir expresar desacuerdos, del mismo modo que las diferencias de criterio no deberían debilitar el respeto mutuo.
En este sentido, valores como la solidaridad, la responsabilidad y la empatía deben reflejarse en los comportamientos cotidianos. No basta con compartirlos sobre el papel: es necesario practicarlos en las relaciones familiares.
Una inversión en las personas y en el futuro
A veces se plantea el bienestar familiar y la buena gestión empresarial como si fueran objetivos contrapuestos. Sin embargo, ambos ámbitos pueden y deben reforzarse mutuamente.
Dedicar tiempo y recursos a cuidar las relaciones familiares es una inversión en las personas que sostienen el proyecto compartido y que, en muchos casos, deberán transmitirlo a las siguientes generaciones.
Esta visión conecta con el modelo P2P (Person to Person), que pone el acento en las relaciones humanas como base de un legado duradero.
Porque la continuidad de una empresa familiar no depende únicamente de disponer de una buena estrategia, una gestión profesional o unos órganos de gobierno adecuados. También requiere una familia capaz de mantener relaciones basadas en el afecto, la confianza y el compromiso.
Hablamos mucho de preparar a las nuevas generaciones para asumir responsabilidades en la empresa, pero también deberíamos preguntarnos cómo estamos cuidando, hoy, a la familia que tendrá que construir ese futuro.
Al fin y al cabo, cuidar a la familia también es una manera de cuidar a la empresa.
Adaptación de un artículo publicado originalmente en el Blog de empresa familiar del IESE.