De la confrontación a la colaboración: cómo lograr una convivencia intergeneracional sana en la empresa familiar
Es común que en las empresas familiares aparezcan tensiones entre generaciones. Y como vimos en el post anterior, no se deben solo a diferencias de criterio, sino a la mezcla entre roles familiares y empresariales, a la falta de estructuras claras y a una comunicación que muchas veces no es suficientemente clara.
Hay tres premisas que ayudan a ordenar la convivencia:
- separar el ámbito familiar del empresarial
- definir sistemas de gobierno y dirección
- fomentar una comunicación clara.
A partir de aquí surge la pregunta: ¿cómo avanzar hacia un modelo de colaboración entre generaciones?
Cuando la empresa familiar asienta estas bases, se abre la puerta a transformar un entorno de confrontación en un espacio de colaboración entre generaciones.
No es un proceso automático: requiere intención, disciplina y una visión compartida. Cuando se logra, los beneficios son enormes: más serenidad, más cohesión y decisiones más sólidas.
Construir desde las fortalezas de cada generación
Cada generación aporta miradas distintas que, bien gestionadas, se complementan y enriquecen a la empresa familiar. La experiencia aporta estabilidad; la visión más joven, impulso y renovación.
Cuando se trabaja con respeto y método, estas diferencias dejan de ser un motivo de choque y se convierten en una ventaja competitiva.
Pensar juntos la estrategia de futuro
Cuando diversas generaciones participan en la visión y en las decisiones estratégicas, se genera compromiso y cohesión, y la empresa se fortalece.
Dejar espacio a la siguiente generación sin renunciar al criterio de la anterior da lugar a un liderazgo más sólido y sostenible.
Evitar que el conflicto se normalice
Las tensiones prolongadas desgastan y pueden terminar afectando la continuidad del proyecto. Detectarlas a tiempo y reconducirlas evita que se instauren dinámicas peligrosas, como la historia de la rana dentro de un recipiente con agua que no percibe el aumento de temperatura hasta que ya es demasiado tarde, cuando ya no puede reaccionar ni escapar.
Algo similar ocurre en la empresa familiar: acostumbrarse al conflicto prolongado desgasta, paraliza y pone en riesgo la continuidad.
Detectar estas dinámicas a tiempo, trabajar con generosidad, reconocer errores y aprender de ellos permite transformar los desencuentros en oportunidades.
La convivencia intergeneracional puede ser un motor de crecimiento si se gestiona con método, respeto y visión de largo plazo.
Adaptación de un post publicado originalmente en el Blog de empresa familiar del IESE.
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