La familia propietaria también debe autoevaluarse

En el post anterior vimos que, cuando una empresa familiar pasa por dificultades, el origen puede no estar únicamente en el negocio.

La falta de visión estratégica, una sucesión mal planteada, unos roles poco claros o centrarse únicamente en los resultados pueden estar relacionados con la forma en que la familia ejerce la propiedad y el gobierno.

Cuando esto sucede, no basta con revisar la empresa. La familia propietaria también debe autoevaluarse.

¿Sigue siendo la familia una fortaleza?

Una de las preguntas más importantes que hay que plantearse es si la familia continúa aportando valor al proyecto empresarial. Para responderla, conviene analizar si dispone de la capacidad necesaria para orientar la estrategia, tomar decisiones y acompañar la transformación que necesita la compañía.

También debe valorar si cuenta con los recursos económicos suficientes para corregir la situación y recuperar la competitividad.

Estas preguntas pueden ser delicadas, pero son necesarias y conviene responderlas con honestidad:

  • ¿Tenemos capacidad para aportar valor estratégico?
  • ¿Disponemos de recursos suficientes para transformar la empresa?
  • ¿Hemos perdido competitividad y rentabilidad?

Buscar asesoramiento profesional

Cuando la propia familia presenta disfunciones o desequilibrios, no siempre es realista esperar que encuentre las soluciones por sí misma. El peso de la historia compartida, las relaciones personales y los intereses internos pueden dificultar una mirada objetiva sobre lo que está ocurriendo.

En estas situaciones, una perspectiva externa puede ayudar a identificar con mayor claridad las raíces del problema. 

Este acompañamiento no sustituye a la familia en la toma de decisiones. Su función es aportar objetividad, plantear cuestiones difíciles y ayudar a distinguir los síntomas de las causas.

Humildad frente a la realidad

Para afrontar una situación de bajo rendimiento en la empresa se necesita humildad.

La familia debe ser capaz de aceptar que algunas decisiones no han funcionado, que ciertas capacidades pueden ser insuficientes o que el modelo seguido hasta ese momento necesita cambiar. 

El ego es uno de los principales obstáculos. Puede alejar a la familia de la realidad e impedirle rodearse de profesionales que, aunque resulten incómodos, pueden ser necesarios para tomar mejores decisiones.

Escuchar otras perspectivas no supone renunciar al control. Significa aceptar que la continuidad de la empresa puede requerir conocimientos y criterios que no están disponibles dentro de la familia.

Cuando hacen falta nuevos recursos o capacidades 

En algunos casos, la familia puede llegar a la conclusión de que no dispone de los recursos o las capacidades necesarias para recuperar el negocio. En ese momento, conviene valorar distintas alternativas: reforzar el equipo profesional, incorporar conocimiento externo, buscar alianzas o dar entrada a un socio o inversor que contribuya a impulsar la transformación de la empresa. 

No es una reflexión sencilla, porque puede implicar compartir decisiones o replantear la estructura de propiedad. Sin embargo, mantener la propiedad familiar no debería impedir considerar opciones que ayuden a recuperar la competitividad y asegurar la continuidad del proyecto. 

La responsabilidad de la familia consiste también en reconocer cuándo necesita apoyarse en terceros para afrontar una nueva etapa. 

Tomar decisiones a tiempo

Cuanto más se prolonga el deterioro, menor es el margen de maniobra. Por eso es importante afrontar la realidad antes de que la falta de liquidez, la deuda o la pérdida de competitividad limiten todas las opciones.

La familia propietaria debe preguntarse no solo cómo salvar la empresa, sino también qué debe cambiar en su propia manera de actuar.

Aceptar ayuda, revisar sus capacidades y tomar decisiones difíciles puede marcar la diferencia entre prolongar el problema o asegurar la sostenibilidad del proyecto a largo plazo.

Adaptación de un post publicado originalmente en el Blog de empresa familiar del IESE.

Imagen: Canva

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