Cuando el problema de la empresa familiar no está solo en la empresa
Cuando una empresa familiar acumula varios años de malos resultados, aumenta su endeudamiento y empieza a sufrir falta de liquidez, la reacción habitual es buscar soluciones dentro del negocio.
Se revisan los costes, la actividad comercial, la organización o el equipo directivo. Sin embargo, en algunas ocasiones, el origen de las dificultades no está únicamente en la empresa. También puede encontrarse en la familia propietaria.
En las empresas familiares, propiedad y gestión suelen solaparse. Por eso, las carencias de la familia en su papel de propietaria terminan afectando al funcionamiento del negocio.
La falta de visión estratégica
Una de las causas más habituales es la ausencia de una visión clara sobre el futuro.
La empresa puede estar muy centrada en la actividad cotidiana, resolviendo problemas operativos y atendiendo las urgencias del día a día. Pero, si nadie se ocupa de mirar a largo plazo, el negocio pierde rumbo.
Gestionar exige prestar atención al presente. Gobernar implica también anticipar, definir prioridades y decidir hacia dónde se quiere llevar la empresa en el futuro.
Sin esa mirada estratégica, resulta más difícil adaptar el modelo de negocio a la evolución del mercado, invertir en innovación o incorporar el talento necesario para seguir siendo competitivos.
Una sucesión que no funciona
Otro posible origen del problema es un plan de sucesión inadecuado.
En algunas empresas familiares existe un plan, pero no es realista. En otras, se ha definido, aunque después no se cumple.
La sucesión no debería limitarse a identificar quién asumirá el liderazgo en el futuro, también debe valorar si esa persona cuenta con la preparación y las capacidades necesarias para asumir la responsabilidad.
Cuando las decisiones se toman únicamente desde la lógica familiar y no desde las necesidades de la empresa, el liderazgo puede debilitarse.
Roles poco claros
También es frecuente que no estén bien definidos los papeles de los miembros de la familia.
Pertenecer a la familia propietaria no significa, por sí solo, estar preparado para dirigir. La empresa necesita establecer con claridad qué responsabilidades tiene cada persona y cuál es el alcance de su función.
Cuando esto no se hace, pueden aparecer interferencias, confusión y dificultades para obtener resultados.
Mirar más allá del beneficio
Otro error consiste en fijarse únicamente en la cuenta de resultados.
Los beneficios y las pérdidas son importantes, pero no ofrecen una visión completa de la situación. También es necesario analizar el balance y el estado de flujo de efectivo.
Una empresa puede mantener cierta rentabilidad y, al mismo tiempo, aumentar su deuda o perder liquidez. Si la familia propietaria no presta atención a estos indicadores, puede darse cuenta demasiado tarde.
Problemas que se gestan durante años
Como vemos, los malos resultados recurrentes suelen empezar mucho antes de hacerse visibles.
En ocasiones, se originan cuando la empresa todavía va bien, dispone de caja y tendría margen para tomar decisiones. Pero la comodidad, la falta de autocrítica o el apego al pasado impiden anticiparse. Y cuando finalmente aparece la crisis, las opciones de reacción son más limitadas.
Por eso, antes de intentar arreglar únicamente la empresa, conviene preguntarse si la familia propietaria también necesita revisar su forma de gobernar, decidir y ejercer sus responsabilidades.
En el siguiente post profundizaré en esa cuestión: ¿qué debe preguntarse la familia cuando sus propias dinámicas dificultan el buen funcionamiento de la empresa?
Adaptación de un post publicado originalmente en el Blog de empresa familiar del IESE.
Deja una respuesta